LUNAS DORADAS Género ciencia ficción Escena 1
LUNAS DORADAS
Género ciencia ficción
Escena 1
Con la cercanía del sol, los pocos humanos que habitaban la superficie terrestre, tuvieron que buscar guaridas, kilómetros debajo de la tierra, evitando a su vez encontrarse de lleno con el fuego sempiterno de su centro y así fueron construyendo ciudades y fueron desarrollando una gran tecnología. Al principio tenían claro que ya esto lo habían hecho en el pasado y por exceso de soberbia habían fracasado, pese al auge tan encendido en el que vivían; tenían oro por montones, aparte que estas gentes habían desarrollado unos poderes tan intensos que con solo mirarse, ya se decían todo, ya sabían que cosas trataban.
Pero dos generaciones olvidaron todo el sufrimiento anterior y cada vez, la codicia se apodera más de ellos; estaban en retroceso hacia milenios atrás.
Sobre todo olvidaron comer bien y sentarse a la mesa a compartir el pan de cada día que les daba gozo y les generaba simplezas. Solían comer y beber solos. Entre más aumentaba su capacidad de tener, más solitarios eran. Pasaba al revés de lo que sucedía en el viejo capitalismo, la gran mayoría perdía su capacidad de comprar, por falta de dinero, como también sus ganas de hacerlo, sus ganas de tener. Las ganancias extras de los súper impuestos, se lo guardaban unos pocos; los pizcos más poderosos del sistema, así podían hacer viajes a las diferentes galaxias, con el oro recaudado y que le robaban al pueblo, a los ciudadanos.
En la antigua tierra, la gran mayoría de habitantes que colmaba las calles y las avenidas, eran pobres y desplazados de los campos. Pero esto, no se daba solo a nivel de una ciudad; sino que prontamente el planeta entero se contaminó, con todas esas gentes deambulando por ahí Esto sucedió en la antigua civilización, poco antes de las grandes explosiones cósmicas. Y los astros colisionaran. Poco antes de que el planeta tierra, entrara en la quinta dimensión.
Peter Steven, miró con avidez el plato de comida que él mismo se había preparado, era un apetitoso guiso de hongos y de caracolas marinas. Las miró y antes de colocarse un bocado en la boca, se llevó los dedos a la frente y luego los deslizó por su cabello enmarañado; sus papilas se quedaron a la espera del suculento banquete, y es que después de que abandonaron la superficie de la tierra, algunas décadas atrás, aprendieron a sobrevivir con todo lo que encontraban a su paso y luego lograron también decorar y abastecer otros lugares y poco a poco todo, se fue poblando y había tanto de donde extraer oro y piedras preciosas, en fin…
Sus genes habían cambiado, pero alguna memoria guardada en el cerebro le instaba a buscar algo nuevo. Sabia de la antigua tierra, por las cosas que sus padres le habían contado; aparte del libro; cobre sagrado, que yacía guardado a la entrada del antiguo templo de los sabios; de difícil acceso para los jóvenes o el común, solo los más ancianos y de una clase privilegiada, podían leerlo.
Ni siquiera supo cómo sucedió esto, como fue que paso y le llegó esta reflexión hasta el centro de su corazón y bajando por su plexo solar ¿Y yo qué hago con todo esto? Se dijo, mirando a su alrededor; se colocó de pie y pensó, tantas cosas que guardo en mi basurero ancestral y después de todo, no tengo con quien compartirlas y habiendo tantas Lilas voladoras por allí. Pero estaban tan ocupadas en guardar y coleccionar cosas y tonterías, que no se ocupaban mucho de muchachos como él.
Sus padres le habían prohibido el ascenso a la superficie; es peligroso, el sol ha descendido tanto que arriba parece una caldera. Ya sabes, te podrías achicharrar hasta el pellejo por allá. Y bajar más abajo, ni hablar, es peligroso está un fuego grande, el más intenso, que existe en el centro de la tierra. Levantó las enmarañadas greñas de las libélulas que le servían de cortinas y las corrió hacia un lado y allí alcanzó a ver a una Lila lémur, que volaba con sus amigas en busca de supercherías ¿Y si me fuera?
Mis padres no tendrían que saberlo; esto ya me aburre; pensó, mientras las libélulas lémur descendían hacia un acantilado cercano al sector 41; ¿El sector 41? Tienen prohibido volar por esos lugares; ya que si lo hacen, los pobladores de ese lugar podrían entrar en amistad con nosotros y los Eskolnors los matarían. Tengo entendido que son seres muy paupérrimos, pensé que eso, solo se vivía en el viejo capitalismo. Nunca los he visto, los Eskolnors aunque no me matarían; si nos tienen prohibido asomar nuestra cabeza por allí; son gente sucia y maloliente, es lo que se nos ha dicho. Sin embargo aquella liliputiense es tan diferente… ¡Um!
¡Ba! No vine al mundo, solo para tener chucherías y un montón de cosas en cadena. Subir a la superficie y ver el sol, no lo conocía pero intuía, que era una bola de fuego, candente y poderosa ¿Y en las noches? ¿Cómo sería eso que llaman estrellas y lunas? ¿Iría? En esos momentos un Eskolnors grande y grueso, llegó hasta su guarida; antes de ese momento todo le había parecido tan natural, verlos llegar a cualquier hora o momento no había significado nada extraño; el Eskolnors adelantó su cuerpo y hecho un vistazo hacia la confortable guarida y descubrió el plato servido; lo miró. Volteo a ver a Peter ¡Anda! ¿Porque no te lo has comido? El joven Lemuriano lo miró como si lo hiciera por primera vez y sintió un frío, que caló sus huesos; miró el cinto que llevaba al haz de las espaldas, era un cinto de cuero hecho del corcel de algún animal deificado, algún mamut prehistórico o algo así: y adentro llevaba el soplador de fuego; que no era otra cosa que la concentración de una masa candente y uniforme de un céntima de polvo nuclear vertido en cantidades Masa, % por ciento concentrada en gas puro y altamente contaminante + hidrocarburo concentrado y ciertas cantidades de uranio 2 0 3 anillos porque al lanzarlos alcanzarían a una persona o a varias según la distancia pertinente; ¡Um! Pero eso se veía que era súper efectivo para matar a más de una persona e incluso podría destruir una ciudad cercana y quien sabe que más contendría esa carga que el Eskolnors llevaba a sus espaldas; ¿Qué miras? Dijo en un tono de poca amabilidad el Eskolnors ¿No entiendo para que andas con eso?
Pero se sintió atemorizado ante la postura dominante del guardián de las entradas de la grietas de la dulzura y del cuartel de allanamiento de guaridas cercanas. El maldito podría descolgarse eso, de la espalda y ya está. Pensó.
©Beatriz Elena Morales Estrada. Reseñada y registrada.

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